Carta abierta al algoritmo, de parte de alguien que solo quería ver un vídeo de gatos
Entré a ver un gato que se caía de un sofá y salí, tres horas después, convencido de que la Tierra es una teoría. Querido algoritmo: tenemos que hablar.
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Querido algoritmo:
Te escribo con cariño, porque sé que lo haces todo por mí. Me lo repites en cada notificación: «Pensamos que te podría gustar». Y es verdad que piensas mucho. Más que yo, últimamente.
Todo empezó con un gato
El martes pasado quise ver un vídeo de un gato cayéndose de un sofá. Uno solo. Diecinueve segundos de felicidad felina. Tú, generoso, me ofreciste otro. Y otro. A las dos horas estaba viendo a un señor con gafas de sol explicando que los gatos son drones del gobierno. A las tres, dudaba de la existencia de los sofás.
No te culpo. Tu trabajo es que me quede. El mío, al parecer, es no darme cuenta.
Algunas peticiones humildes
- Que de vez en cuando me enseñes algo con lo que no estoy de acuerdo, sin que venga acompañado de alguien gritando.
- Que me avises cuando llevo cuarenta minutos deslizando el dedo, como hace el horno cuando la pizza está lista.
- Que distingas entre «me ha interesado» y «no podía dejar de mirar, como con un accidente».
- Que no confundas mi curiosidad a las tres de la mañana con mi personalidad.
Lo que sí te agradezco
Gracias a ti he descubierto que existe un campeonato de lanzamiento de botas de goma en Finlandia. No sé qué haré con esa información, pero es mía. Eso no me lo quita nadie.
Recomendarme lo que ya me gusta es fácil. Recomendarme lo que me haría pensar es el verdadero reto de la inteligencia, artificial o no.
Me despido. Voy a ver el vídeo del gato. Solo uno. Esta vez de verdad.
Atentamente,
Un usuario (antes conocido como persona)